Curiosidades de la Semana Santa menorquina y de nuestra Cofradía

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Caballos menorquines en la Semana Santa de Lorca 2009

Más de una treintena de caballos de Menorca participan en los Desfiles de Lorca.

Cada año las cofradías se afanan por buscar las mejores caballerías de España para que sus equinos participen en los Desfiles Bíblico Pasionales. Hasta hace algunos años, la mayoría de estos caballos procedían de Andalucía y la Comunidad Valenciana, además de los propios que aportaban las cuadras de la ciudad. En los últimos años, Menorca ha sido una de las fuentes que ha servido esta materia prima fundamental en las procesiones lorquinas al Paso Blanco, principalmente. Este año, también el cortejo azul contará con caballos traídos de la isla aunque desde diferentes picaderos.

En total, serán más de una treintena los caballos de Menorca que participen en la comitiva blanca y azul, a los que hay que sumar algunos procedentes de los puntos ya mencionados. La inversión en caballos es una de las más altas de las cofradías mayoritarias, de ahí que se intente lograr la mayor calidad. Las características de estos caballos, según explican los responsables de las comisiones de caballos de las cofradías, es que «son caballos sementales de pura raza y que además tienen la peculiaridad de ser de color negro».

Su valor oscila entre los 10.000 y 20.000 euros. Más de una década lleva el Paso Blanco contratando caballos de este tipo. «Son caballos espectaculares que dan mucho juego en carrera. Suelen hacer piruetas sólo apoyándose sólo en las patas traseras y además lo hacen al mismo tiempo, es uno de los grupos que más llama la atención». Este tipo de equinos son más esbeltos que el resto de los que procesionan, de ahí que sean fácilmente identificables.

En los Desfiles

Procesionarán como Caballo del Respeto, en el grupo de las Mujeres del Rey David, de la Infantería Romana o de la escolta de la visita de Salomón a la reina de Saba. En el Paso Azul procesionarán con el grupos de los Etíopes, uno de los grupos más antiguos y que más espectáculo da ya que sus jinetes cabalgan sin montura realizando un sinfín de piruetas..

También habrá caballos de Menorca en el grupos de los exploradores, las profetisas y la caballería romana.

El caballo es parte esencial de los Desfiles Bíblico-Pasionales de la Semana Santa, donde los Pasos mayoritarios ponen en carrera cada año a más de 300 equinos cubiertos con ricos mantos bordados en oro y sedas cuyos jinetes representan a personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento.

La mayor parte de ellos participan esta noche en el primer gran Desfile y el resto se incorporarán mañana a la procesión del Viernes Santo, la más importante por ser en la que las cofradías aportan todos los grupos de su cortejo bíblico que concluye con las imágenes titulares.

Fuente: semana-santa.laverdad.es

El origen del capirote

El origen del capirote o capuchón esta en los comienzos de la Inquisición, cuando a las personas que estaban castigadas por motivos religiosos se les imponía la obligación de usar una prenda de tela que les cubriera el pecho y la espalda y un cucurucho de cartón en señal de penitencia. Esta costumbre fue adoptada por algunas cofradías de Semana Santa y dependiendo la zona son diferentes (en unos sitios se usa con antifaz y en otros sin él).

¿Por qué siempre hay luna llena en Semana Santa?

La Semana Santa tiene fecha variable; desde el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la Pascua de Resurrección se celebrase el domingo después de la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera (21 de marzo). Este es el motivo por el que podemos disfrutar todos los años de la luna llena en Semana Santa.

¿Qué es la Pascua Florida?

Antes del año 135, la Pascua Judía era celebrada el 14 de Abril (Nissan) según el calendario hebreo, pues era la primera luna llena después del equinoccio de primavera. El Primer Concilio Ecuménico, celebrado en Nicea en el año 325, dictó un decreto doctrinal en el que se pedía celebrar la Pascua según la Iglesia de Roma. Esto hace que la Pascua sea posible entre el 22 de marzo y el 25 de Abril, porque la primera luna llena, que viene después del equinoccio de primavera caía entre el 21 de marzo y el 18 de abril. La palabra Pascua deriva del hebreo Phase, que significa paso, tránsito: “el Paso del Señor”. (Según el Éxodo, 12, 1-11). La Pascua era la fiesta más solemne del pueblo hebreo, que celebraban para conmemorar la salida de Egipto o liberación del cautiverio sufrido en ese país. Tenía lugar a media luna de marzo. Por haber acontecido la Gloriosa Resurrección de Cristo Nuestro Señor en el tiempo de la celebración de la Pascua judía, la Iglesia celebra ese magno suceso por esa misma época. La Pascua de Resurrección, llamada también Pascua Florida, es la festividad más solemne de la Iglesia. Con el triunfo de su Resurrección Cristo justifica Su Divinidad y su Doctrina, y asienta glorioso Su Iglesia. La Pascua es el paso de Cristo de la muerte a la vida. Un paso que significó la salvación del mundo y la redención de los pecados. Dicen que en épocas anteriores a Jesús, se celebraba la llegada de la primavera obsequiando huevos. Como posteriormente, en algunas partes del planeta la pascua se celebra cercana a esa fecha, se continuó con la costumbre asociándola a la Pascua. En la actualidad, es un elemento infaltable en la Pascua, el tradicional Huevo de Chocolate, relleno con confites y algunas sorpresas que generalmente es un Juguete, sin embargo no siempre los huevos fueron de Chocolate, ni siquiera tuvieron confites o sorpresas. En algunos países europeos, los huevos se decoran el Jueves Santo y se rompen el Domingo. La cáscara representa la tumba en la que Jesús estuvo sepultado, y es por eso que el huevo se quiebra el domingo de Pascua, pues Cristo resucitó de entre los muertos y salió de su sepulcro.

¿Por qué se llama Pascua Florida?

Así llamaba el lenguaje popular a las fiestas pascuales. El antiguo catecismo había recogido la expresión cuando prescribía a los creyentes “comulgar por Pascua florida”. Es un nombre plenamente justificado, porque la Pascua coincide con la estación en la que tras el letargo invernal, la naturaleza vive, de forma repentina y casi inesperada, la explosión de color, formas, perfumes, vida y belleza que denominamos primavera. “Pascua florida” une en perfecta armonía la fiesta cristiana, litúrgica, y la experiencia natural, profana, que subyace a ella. A mi me sugiere un problema que el clima de secularización de la cultura impone de forma cada vez más aguda a las comunidades cristianas y una pista -lo confieso, sólo incierta y germinal- para encontrarle respuesta. El problema es la tensión cada vez mayor entre el ideal litúrgico (¡la fiesta de las fiestas!); y la cruda realidad que la reduce para la mayor parte de sus miembros, por presión social, por necesidad real, o por las dos cosas a la vez, a unas breves vacaciones de primavera. Las respuestas que encuentran la mayor parte de las familias cristianas para no renunciar a los polos de esa fuerte tensión es incluir en el programa de las vacaciones fiestas y espectáculos tradicionales, generalmente procesiones, y asistir en condiciones mucho menos favorables que las de sus lugares de origen a la celebración de oficios religiosos masivos y muy poco participados. “Pascua florida” orienta hacia otra solución de esa tensión inevitable. La Pascua cristiana incorpora la conmemoración del Éxodo del pueblo de Israel, de las fiestas con que pastores y agricultores saludaban el renacimiento de la vida en las crías y en el brotar de las flores y sementeras, y la experiencia más general que supone para los seres vivos la primavera. Una invitación a hacer aflorar a la conciencia la necesidad de vida, de renovación que llevamos dentro de nosotros y que la Resurrección del Señor viene a confirmar y realizar en un nivel insospechadamente más profundo; una invitación a vivir la Pascua en esas experiencias humanas que son el encuentro con otros caminantes mientras volvemos a casa tal vez un poco desesperanzados, la escucha de palabras que ponen en ascuas nuestro corazón, ·la invitación a nuestra mesa a personas que pasan a nuestro lado, el compartir el pan que abre nuestros ojos, nos llena el corazón de alegría y nos hace decir con todo el convencimiento: “verdaderamente ha resucitado el Señor”. ·La celebración sosegada, ya de vuelta en nuestras comunidades cristianas, de la cincuentena pascual nos permitirá después compartir con los hermanos y hermanas creyentes la fe y la esperanza pascuales y contarnos unos a otros cómo cada uno, a su modo, hemos reconocido o vamos reconociendo al Señor en nuestras vidas, de trabajo o de vacaciones, al compartir el pan.

Simbolismo en los huevos de Pascua

De todos los símbolos asociados con Pascua, el símbolo de fertilidad y nueva vida es el más identificable. Las costumbres y tradiciones de utilizar huevos han sido asociadas con Pascua por siglos. Originalmente los huevos se pintaban de colores luminosos y fuertes para representar la luz de primavera. Se utilizaban en concursos en los que se rodaban los huevos, o se intercambiaban como regalos. Amantes y admiradores se los regalaban entre sí como se hace con tarjetas de San Valentín en algunas partes del mundo. En la época medieval, tradicionalmente se regalaban huevos a los sirvientes. En Alemania, se les daban huevos a los niños acompañados de otros regalos de Pascua… Distintas culturas han desarrollado sus propias maneras de decorar los huevos. Huevos rojos se intercambian en Grecia en honor a la sangre de Cristo. En partes de Alemania y Austria, se utilizan huevos verdes para Jueves Maundy (Jueves Santo). Personas eslovacas decoran huevos con patrones delicados en dorado y plateado. Artistas austriacas hacen patrones pegando helechos y pequeñas plantas alrededor del huevo e después hirviéndolos. Al quitar las plantas queda un delicado patrón en un blanco reluciente. Los polacos y ucranianos utilizan diseños simples y colores fuertes, o decoran en el distintivo estilo pysanki (diseñar o escribir). Los huevos pysanki son obras maestras de habilidad y trabajo. Se le echa cera de abeja derretida al huevo blanco y después se baña en una serie de tintes sucesivamente. Después de cada baño se pinta con cera de nuevo. Eventualmente emerge un patrón complejo de líneas y colores. En Alemania y otros países se vacían los huevos en un plato hondo haciéndoles un agujero con una aguja y soplándolos para quitar su contenido. Las cáscaras se tiñen y se cuelgan en arbolitos y arbustos de Pascua durante Semana Santa. Los armenios decoraban huevos vaciados con imágenes de Cristo, la Virgen y diseños religiosos.

La tradición de los huevos de Pascua

Todo comienza en Semana Santa y culmina con el Domingo de Pascua, que se presenta como una de las más importantes fiestas religiosas. Las tradiciones en esta fiesta han ido variando con el correr de los siglos hasta llegar a convertirse, para la gran mayoría de la gente, en una semana donde no se trabaja y se comen los famosos huevos de Pascua. De hecho, el Domingo Santo es uno de los dos días del año en el que se consume más chocolates (el otro es la Navidad).

Desde los comienzos de la humanidad, el huevo fue sinónimo de fertilidad, esperanza y renacimiento. El huevo adiquirió importancia dentro de la mitología egipcia cuando el Ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde a partir del huevo que lo había creado en un principio. También los hindúes sostenían que el mundo había nacido de un huevo. Los huevos de pascua en la antigüedad eran de gallina y de pato, y en la Edad Media les eran regalados a los chicos durante las celebraciones. Al tiempo, los cristianos comenzaron a obsequiarse huevos durante la Semana Santa con regalos y al principio el siglo 19, en Alemania, Italia y Francia, aparecieron los primeros huevos hechos con chocolate con pequeños regalos adentro. En cuanto a la decoración, los huevos de Pascua siempre han representado un desafío para los reposteros. Pero las diversas culturas fueron decorando de manera diferente los huevos. En sus comienzos, eran pintados a mano con colores estridentes que representaban la luz del sol. Los huevos se hacían uno a uno con un molde prefabricado, lo que dificultaba mucho su elaboración masiva. Los colores estridentes fueron apareciendo con las grandes producciones de huevos, por los años 20 y 30 del siglo pasado.

Si la gastronomía es excelente de por sí, en Italia todos los sentidos disfrutan de Pascua. Además del infaltable presente de los huevos de chocolate para los seres más queridos, una ocasional lágrima y un sentimiento inexplicable para aquellos que no tienen sangre peninsular, la “colomba pasquale” o paloma de Pascua es una tradición italiana. ¿Por qué paloma? Porque, de acuerdo con la destreza del cocinero, tiene la forma de una paloma en vuelo vista desde abajo.

El conejito de Pascua

El conejo de Pascua no es un invento moderno. Tiene su origen en las celebraciones anglo-sajonas pre-cristianas. El conejo, un animal muy fértil, era el símbolo terrenal de la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. El conejo, como símbolo de Pascua, parece tener sus orígenes en Alemania donde es mencionado por primera vez en unos textos del siglo XVI. Los primeros conejos comestibles se fabricaron en Alemania en el siglo XIX de pastelería y azúcar. El conejo de Pascua fue introducido en EE.UU. por los inmigrantes alemanes que llegaron al Pennsylvania Dutch Country durante el siglo XVIII. La llegada del “Oschter Haws” se consideraba uno de los grandes placeres de la infancia, equivalente a una visita de Papá Noel en Noche Buena. Los niños creían que si se portaban bien, el “Oschter Haws” pondría huevos de colores. Los niños construían nidos en lugares apartados o escondidos de la casa, el granero o el jardín para que pusiera sus huevos el conejito. Más tarde empezaría la tradición de construir elaboradas cestas para poner los huevos.

La mona de Pascua

La tradición de la mona es típica de Catalunya y consiste en un pastel de harina, azúcar, huevos y mantequilla que el padrino o padrina regala a su ahijado o ahijada el lunes de Pascua, día festivo en Catalunya. La costumbre es muy antigua, ya que sale documentada en el siglo XV, aunque su primitiva elaboración era diferente de la que se conoce ahora. Antiguamente la mona era una torta de pan lógicamente circular, pero también podía tener diferentes formas: un cordero, una gallina, una luna, un barco, un molino … pero en ninguna de ellas faltaba el huevo de chocolate. Aunque la tradición dice que la mona se regala hasta que el ahijado celebra la primera comunión, ésta no se cumple normalmente y el padrino, con toda la ilusión del mundo, sigue haciendo el presente, claro que … cuando el niño ya “se hace grande”, en vez de pedir el pastel lo que ya pide ¡es dinero!. A las monas actuales no les faltan los típicos huevos de chocolate, como tampoco muñecos que se ponen encima del pastel: pollitos y figuras famosas de la televisión o del cine.